Va a hacer un año de mi primera visita a Toledo y no puedo dejar de acordarme de sus calles, su gente, su monumentalidad… y su gastronomía.
Concretamente de un restaurante: La Lumbre.
Instaurado en un edificio del Siglo XVII, La Lumbre es un restaurante muy acogedor en una zona preciosa de Toledo.
Consta de dos plantas, todo decorado con antiguos aperos de labranza y flores secas, que le proporcionan un ambiente rústico muy acogedor.

Fuimos un día entre semana y disponían de un menú a 29 € + IVA, con cinco primeros y otros tantos segundos platos a elegir, casi todos basados en los productos típicos y tradicionales de Toledo.
Probamos el vino de la casa, que ¡sorpresa! estaba muy pero que muy bueno, servido en un precioso escanciador. No recuerdo de que vino se trataba pero, como digo, más que aceptable. La carta de vinos, a la que eché un vistazo antes de dejarme aconsejar, no era excesivamente extensa, pero contaba con buenos caldos, haciendo incapié, como es lógico, en los vinos regionales.
Entre los platos que degustamos, mención especial a la lasaña de setas, con un sabor intenso y casero, cosa importante hoy día en éste tipo de platos. El ciervo de los Montes de Toledo en sala de vino tinto estaba absoultamente exquisito. Por otro lado el atún rojo que probé, en su punto, no desmerece mi aprobación, muy fresco.

Por último los postres, como el flan de mazapán o la mouse de café y moca, me dejaron, como se dice por aquí, “bien comido”.
Finalizamos la velada antes de volver al hotel con un Gin Tonic, servido en unos vasos altos y anchos muy originales, que nos dejó mejor sabor de boca aún.
El personal del Resturante, amabilísimos en todo momento y con una eficacia importante, hicieron que nuestra visita fuese inolvidable.
Si vas por Toledo, no te lo pierdas.
